Institucionalidad

Ocurrió lo que era previsible, dada la irresponsabilidad de ciertos grupos políticos y el oportunismo de otros, como lo anuncié la semana pasada en esta columna.

​El escenario ahora se ha complicado en medio de una campaña electoral, en la que los candidatos tienen dificultad para hacer escuchar sus propuestas, en un contexto de formación de un nuevo Gobierno con serios cuestionamientos.

​Obviamente, la atención va a estar centrada en el nuevo gabinete ministerial y las primeras medidas que se tomarán. Sin duda, todo será cuestionado, los ministros entrantes y las decisiones que se adopten. Los próximos días y semanas estarán marcados, entonces, por estridentes controversias. Para hacerse notar en una campaña electoral saturada de candidatos, el escándalo será usual.

​La primera semana de marzo se inicia la legislatura ordinaria del Congreso, y algunos tratarán de amplificar sus voces en ese ambiente con muchos micrófonos y cámaras.

​Los principales responsables del desastre, además de intentar culpar al resto de sus errores, probablemente tratarán de forzar otra crisis similar a la que acabó con la presidencia de José Jerí, más temprano que tarde, para procurar disimular su inexcusable error.

​Con la irregular decisión que se tomó la semana pasada, al censurar al presidente de la República con un procedimiento incorrecto, la puerta está abierta para seguir arrollando la legalidad.

​Lo que corresponde en estas circunstancias es llamar a la sensatez y hacer llegar a los ciudadanos, con la mayor claridad, las propuestas de solución a los problemas que realmente preocupan a la mayoría, la seguridad ciudadana, la economía, el empleo.

​Y a la vez, observar cuidadosamente el desempeño del Gobierno. Como es evidente, el cambio va a implicar un período de adaptación en que sobreviene una suerte de parálisis. Peor todavía si se trata de un Gobierno improvisado, que reclutaráapresuradamente funcionarios para ocupar los más altos cargos del Estado, sin cohesión ni coherencia.

​Todo esto, insisto, era absolutamente previsible, y muestra la completa irresponsabilidad de los que desaprensivamente nos llevaron a esta situación. Con cualquiera de las alternativas hubiera ocurrido algo parecido. Pero el asunto es que se impuso la peor, el mismo grupo político que llevó al corrupto y golpista Pedro Castillo a Palacio el 2021.

​La institucionalidad está en peligro, entonces, si intentan imponer medidas acordes con su trasnochada y fracasada ideología.

​También tratarán de influir en el proceso electoral usando los recursos del Estado, cosa que no hubiera sucedido con un Presidente del Consejo de Ministros como Ernesto Álvarez.

​Ahora un grupo comunista, guiado por la acorraladadictadura cubana, intentará manipular los resortes del Gobierno en su propio beneficio.

​Lo que queda es defender con firmeza la institucionalidad democrática, superando las naturales diferencias políticas y los intereses electorales de los partidos.

Los ciudadanos decidirán en las urnas. Las polémicas vehementes y apasionadas son normales en estas circunstancias. Pero hay un terreno común en el que es indispensable mantener la unidad, y es la defensa de la institucionalidad.

Published On: February 23, 2026Categories: Opinión0 Comments on Institucionalidad

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