El tren
La idea de establecer un tren de cercanías -como lo llaman en España- de Lima a Chosica, es muy buena. Descongestionaría ese tramo de la carretera central y aliviaría a muchos miles de personas del suplicio que es hoy día el transporte en la capital.
Desgraciadamente lo que es una buena idea está hasta ahora entrampada por incapacidad de gestión pública y por motivos político electorales.
Cuando recién se anunció esa iniciativa, conversé con el hombre que probablemente más sabe de trenes en el Perú, Juan de Dios Olaechea (que no es responsable de lo que digo aquí). Me explicó -como lo hizo también en entrevistas periodísticas-, que para que funcione, se requiere un proyecto que demoraría 18 meses en construirse DESPUÉS de tener todos los permisos.
Como se sabe, hay que hacer algunas expropiaciones y procurar autorizaciones en varias dependencias estatales, cosa que lleva su tiempo y no es fácil. La tramitología, que agobia al país.
Se necesita, como es evidente, construir una segunda vía. Un tren de pasajeros, que sea práctico, requiere dos vías.
Hoy no hay problema con una vía, por la que transitan lentamente –“a paso de hombre”, Olaechea dixit- un par de trenes de carga al día. Para que se movilicen decenas de miles de pasajeros al día -unos 200,000 era el cálculo de los impulsores de la idea-, no hay otra forma que tener dos vías.
Eso implica, como es obvio, CERCAR las vías. Es decir, construir una valla continua a lo largo de TODA la ruta.
Si hay decenas de trenes, circulando en uno y otro sentido a unos 50 km/h -los trenes donados pueden ir hasta 130 km/k dice Olaechea- es evidente que esa vía tiene que estar completamente protegida. De lo contrario, habríadecenas de muertos y heridos.
Actualmente hay más de medio centenar de cruces para vehículos a lo largo de la vía, y peatones cruzan prácticamente por todas partes. Basta imaginar a los desaprensivos choferes peruanos tratando de ganarle el paso al tren en cualquiera de esos lugares, para imaginar lo que sucedería.
Entonces, cercar la vía y construir por lo menos 4 túneles o pasos elevados para que puedan cruzar vehículos. Y túneles para peatones cada 400 metros, recomienda Olaechea.
Además, hay que construir 7 u 8 estaciones. Y, naturalmente, adquirir una central computarizada, con Inteligencia Artificial, que controle el movimiento de las decenas de locomotoras y vagones que circularían en una y otra dirección.
El costo, calcula Olaechea, es de 500 millones de dólares. Los pasajes tendrían que ser subsidiados por el Estado, como en todas partes. Sería un dinero muy bien invertido. Sobre todo, teniendo en cuenta que ya está el material rodante gracias a una donación acertadamente procurada por la Municipalidad de Lima.
En suma, una muy buena idea que desafortunadamente ha sido mal gestionada y que ahora pretende apresurarse por razones político electorales.
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